07 febrero, 2014

Meditación en el gozo y la imparcialidad

Hay muchos seres en este mundo que poseén inmensas cualidades y son de beneficio a los demás de múltiples maneras. Regocijémonos sinceramente en sus logros y deseémosles que sus cualidades no declinen nunca sino que perduren y se incrementen. La capacidad de festejar las mejores cualidades de los otros también actúa como un antídoto para la envidia y los celos. El regocijo también es una cura para el desánimo y para la visión pesimista y de desesperanza que tenemos del mundo y de los seres humanos.

Imparcialidad

La imparcialidad es un elemento esencial para las previas tres meditaciones. El deseo que todos los seres se vean libres del sufrimiento y de sus causas debe, sin duda, ser universal. No debería depender de nuestras preferencias sesgadas o de la manera que otros nos tratan. La compasión, por ejemplo, tiene como intención primordial el eliminar todo tipo de sufrimiento, donde quiera que se encuentre o quien quiera que se vea afligido por esto. Seamos los doctores que tengan como único deseo el curar a sus pacientes, independientemente de su comportamiento. Si alguien actúa de manera malévola, considerémoslo como una persona con una enfermedad mental que necesita ser curado de lo que lo aqueja en lugar de tratarlo con animosidad. Como el sol que brilla de manera equitativa sobre los buenos y los malos, sobre un lago sucio o uno limpio, el amor imparcial y la compasión deben ser extendidas a todos los seres sin hacer distinción.

Matthieu Ricard


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